sábado 26 de noviembre de 2011
Hay mucha "mala leche"
Hace mucho que no escribo. Aunque ya lo he comentado en algún post, últimamente no tengo tiempo ni de escribir unas líneas y para escribir naderías o solo meter vínculos prefiero entonces no hacer nada.
Pero ahora sí que quiero y sobre todo porque llevo toda la semana navegando por twitter, mi red favorita, y veo que hay un porcentaje de inquina y mala leche que empieza a ser preocupante.
En un artículo del Mundo del pasado año, se indicaba que la “mala leche” enferma las arterias, así que viendo el índice de ella en la red, estos pobres usuarios cabreados tienen que ser todos pacientes de cardiología.
Es verdad que estamos en crisis, que algunas personas tienen unos problemas espantosos, que la prensa a veces en vez de calmar crispa, pero eso no es óbice para que alimentemos más al fuego con gasolina.
Si sacamos toda nuestra ira y la aderezamos con inquina e insultos, lo único que hacemos es por un lado enfermar nosotros – pobre hígado – y por otro hacer daño a los demás, ya sean personas, empresas o lo que sea. No es necesario.
Si tenemos un problema con alguien o con una empresa, intentemos primero solucionarlo con esa persona o empresa y si no es posible, entonces hay otras vías más civilizadas de acometer los problemas, ya sea por la vía de la negociación o en situaciones extremas por vías legales, pero el insulto, la arenga a los demás para que les sigan en su odio o frustración, lo único que hace es agravar el problema y no encontrar una solución.
Creo que algunos no son conscientes de que el odio con odio crece y que ese odio lleva a la parálisis o a la destrucción de ambas partes, con lo que al final no hay solución a nada.
En estos momentos en que todos de una u otra forma no estamos pasándolo bien, tenemos que apelar a emociones como son la empatía, la paciencia, la capacidad que tiene el ser humano para negociar en un entorno de respeto y por supuesto ser agradecido con lo que se tiene y arrimar el hombro y trabajar aunque a veces la remuneración no esté en línea con el esfuerzo.
Es fácil dejarse llevar por las arengas que pueden surgir de noticias tremendistas que incitan a la inseguridad y el miedo, pero creo que tenemos la suficiente cultura social para no dejarnos llevar por las demonizaciones que hacen algunos.
Es muy fácil culpar a los demás de nuestros problemas: el gobierno, la banca, los mercados y demás entes un tanto abstractos, pero que a la postre son todos personitas humanas.
Mi vecino de al lado puede ser un cajero que trabaja en una sucursal (la banca) y gana 1.000 euros, o un funcionario de la oficina del paro (el gobierno) que tampoco gana mucho más y está rellenando formularios todos los días, o también una comercial de una tienda de ultramarinos que trabaja 12 horas para vender viandas (los mercados).
Cuando insultamos a una empresa, insultamos a sus trabajadores, no a una marca impersonal, cuando insultamos a los mercados, nos insultamos a nosotros mismos porque todos formamos parte de él.
Dejemos de enviar porquería a través de la palabra y trabajemos todos como podamos para salir adelante y crear una sociedad con una armonía sostenible. Y esto no es un deseo “flower power” sesentero, sino algo real.
Hace no tan poco, no vivíamos mal del todo. Quizás ahora nos toque adelgazar y no precisamente con una dieta de diseño para que el cinturón sea más justo, pero saldremos de esta como siempre ha salido el ser humano y a poder ser que sea con menos mala leche para que no tengamos que estar colgados de antiácidos o pastillas para la tensión.
Os invito a ver una película que me ha gustado mucho porque habla de eso: de un cambio drástico en nuestra vida y de cómo cada uno afronta ese cambio: The Company Men.
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